martes, 8 de enero de 2013

Las finanzas son como las olimpiadas.






Este es un post invitado, el cual tengo el gusto de publicar en este inicio de año 2013. Escrito por Humberto Vergara Vega*

“Papá, ¿sabías que un campeón olímpico se empieza a preparar para la siguiente olimpiada, al día siguiente que termina la última competencia?  Así empezó uno de los deliciosos diálogos que sostenemos mi hija Mafer y yo de cuando en cuando. Charlas de padre e hija que espero siempre existan a pesar del paso de los años. Mafer, comenzó dejándome sin palabras por un momento. Con una sonrisa en el alma, de satisfacción porque era visible con su comentario que lo sembrado en varios años, rendía sus frutos.
Quería aprovechar el tema de las olimpiadas, para hablar a mi hija, sobre la importancia y valor del esfuerzo y la perseverancia, y que se debe aprender y practicar desde temprana edad para ser triunfadores.  Mafer, es una niña de 11 años, y he compartido con ella principios, valores y perspectivas de la vida, de las finanzas y del valor de emprender.

Dar a los niños herramientas para enfrentar con éxito el futuro es la misión de Money Kids. Diversos sucesos nos motivaron y llevaron a Yurima Cruz y a mí para trabajar en compartir herramientas que permitieran a las personas administrar mejor sus recursos y generar nuevos recursos. En 1985 luego de asistir como ponente (a los 13 años) al Primer Congreso Nacional de la Juventud Mexicana, empezaron a llegar varias invitaciones, además de las convocatorias a los concursos de oratoria, también llegaban invitaciones a cursos del CREA y de NAFINSA para “jóvenes empresarios” a los 14 años ya andaba yo con compañeros de curso que duplicaban o triplicaban mi edad.

Desde 1985 viaje a varias ciudades del país, desde concursos nacionales de oratoria, cursos, seminarios y congresos de jóvenes, alguno como asistente, en otros como miembro del comité organizador, algunos de estos  eventos, de administración, marketing o emprendimiento. En 1999, cuando fui invitado a participar en una asociación para fomentar el emprendimiento, empecé a analizar  las cifras y proyecciones para 2010 y 2020 de los futuros demandantes de empleo.
Esas cifras eran muy preocupantes, en los siguientes lustros, unos 20 millones de jóvenes –según las proyecciones de esa ONG- se incorporarían al mercado laboral, en Hidalgo con esa asociación de emprendedores, convocamos a empresarios exitosos para fungir como mentores y se prometió la creación de un fondo para apoyar proyectos.

En otra época fui invitado al sector público a coordinar un programa de prestatarios de servicio social,  los cuales sacaban copias o iban por las tortas, decidí  que había que darle un giro a ese programa, entonces, se enfocaron los becarios, a asesorar a personas, jóvenes o adultas que quisieran desarrollar una empresa, aunado a ello se constituyó un fondo para proyectos de jóvenes emprendedores.

En el año 2000 coincidí con Yurima Cruz en el voluntariado de una ONG en la construcción de casas para personas de escasos recursos. Los beneficiados las pagaban de acuerdo a sus posibilidades, para alguien que parecía destinado a una vida de carencias, lograr construir y pagar su casa (un pie de casa, de sala-comedor-cocina y una habitación y un baño en un espacio en ocasiones de unos 40 metros) era un salto cuántico.

Era mágico poder  observar la transformación de la gente cuando se convertían en dueños de algo, “mi casa” decían llenos de orgullo; luego de varios fines de semana, con la guía de un técnico en construcción,  y con muchos machucones, ampollas y espaldas molidas de los voluntarios, llegaba el momento de la inauguración, nosotros pedíamos que no se nos agasajara, conscientes del esfuerzo de alguien con ingresos magros, sin embargo siempre era bienvenido un taco de nopales con chicharrón, o dobladitas enchiladas. El día de la inauguración, procurábamos llevar entre todos los voluntarios algunos productos para llenar la despensa, sin embargo como a la hormiga del cuento que compraba pan: se le acababa.

Yurima Cruz y quien esto escribe, nos planteamos la posibilidad de poder ayudar de manera más significativa, comprendimos que para poder superar la pobreza, la alimentaria, la patrimonial, debíamos comenzar con combatir la pobreza de capacidades. Más allá de los tradicionales cursos de gelatinas o adornos de fieltro, decidimos llevar herramientas para aprender a administrar y generar recursos.

Así comenzamos hace 12 años, los fines de semana, en salones y caminos desvencijados, empolvándonos los zapatos y los rostros,  pero entusiasmados de poder contribuir a hacer la diferencia en el mundo, sí, en el mundo de un puñado de personas. A estos cursos generalmente asistían madres solteras, la mayoría de ellas había visto alejarse al padre de sus hijos en busca del sueño americano, o como jornaleros por temporadas en la cosecha de legumbres en estados del norte del país, o a emplearse en la industria de la construcción en el DF. Al principio, llegaban los envíos de dinero, en muchas ocasiones dejaban de llegar, o bien el señor hacía una nueva familia o simplemente no se volvía a saber de él.

Así llegaban a los cursos las mujeres de rostros curtidos por el sol y el desánimo, pero con un pequeño brillo de esperanza en los ojos, acompañadas de sus hijos, como en escalerita, uno seguido de otro, alrededor de ellas se congregaban sus hijos cual enanitos de Blanca Nieves.

El bullicio de los críos, llevó a que uno de nosotros (Yurima o yo) nos dividiéramos a trabajar, uno con mujeres y el otro con los niños, al principio eran cuentos para entretener y enseñar, con el tiempo se fue convirtiendo en un método de enseñanza.

Poco a poco, nos fueron invitando a más lugares, ya no eran solo comunidades rurales o colonias populares, empezaron a invitarnos a salones alfombrados o de mármol, algunos de caras escuelas particulares, algunos padres de alto poder adquisitivo, acostumbrados a suplir afecto y presencia con regalos caros, a veces nos pedían, “donde te llevo a mi hijo”, como si se tratara de una reparación en un taller, entre 2005 y 2006 decidimos convertir nuestros cursos en una empresa, y seguimos haciéndolo de manera gratuita en zonas en donde jamás llegarían estos conocimientos o no se podrían pagar.

En 2012 junto con Yurima Cruz, decidimos convertir nuestro método educativo en una sistema de franquicia, para poder llegar a más niños y jóvenes, así surgió a la luz, luego de 12 años de estudios (maestrías, diplomados, seminarios, muchísimos libros)  y experiencia (en el campo, siempre mejorando algo a cada sesión)  Money Kids – Niños que Emprenden.

Yurima Cruz, co-creadora del Sistema “Money Kids Niños que Emprenden” es una profesional de las finanzas, asesora, enseña, ayuda a muchos a mejorar su patrimonio, cuenta con diversas certificaciones para operar instrumentos de inversión, el Licenciada en Administración, con especialidad en Publicidad y Planeación Estratégica,  y es Máster en Finanzas por la Universidad Carlos III de Madrid, por su desempeño obtuvo mención sobresaliente y triple certificación internacional, haciéndose acreedora también al reconocimiento de la Universidad de Alicante y la Universidad Autónoma de Barcelona.

Regresando al inicio de estas líneas, a esa plática con Mafer, constaté que tantas conversaciones, acompañarnos a cursos y ser alumna de muchos de ellos, estaban dando sus frutos, a menudo, cuando vamos al “súper” comparamos precio, calidad y contenido, ella ya lo hace también de manera espontánea cuando elige los productos para su uso personal. Siendo más pequeña cuando  detectaba publicidad engañosa me decía “nada más mienten pá”. Ahora, cuando tiene duda, nos pregunta a Yuri y a mí, ¿cual me conviene más? “Este que trae un cepillo de dientes de regalo” o ¿este que tiene a mis personajes favoritos? Generalmente la respuesta es una sugerencia o pregunta, “hay que ver cuánto cuestan por separado” y la reflexión de ella: “solo por traer un dibujito cuesta más”.

Mafer, es un claro ejemplo de la importancia de formar a los niños en cómo cuidar los recursos, cierra llaves de agua, apaga luces o desconecta aparatos que no se están usando, consume inteligentemente, y tiene un espíritu empresarial, en diversos momentos se ha asociado con los abuelos, en la venta de pulseras a sus tías o en la venta de casas de muñecas de madera para otras niñas.

Lejos quedaron los días, de cuando apenas comenzaba a hablar y le gustaba algún juguete a la hora de ir a hacer la despensa, llegando a la caja yo le decía: ¿Cuál te gusta más? “Escoge uno u otro”, ella se quedaba pensando y entre que encontraba otra alternativa me decía con su carita iluminada por una nueva idea: ¡o los dos! . La tentación de decir sí, por la creatividad en su respuesta era grande. Mientras yo disimulaba una sonrisa, con el “dolor de mi corazón”  muchas veces dije “no.”
La frustración también es algo que deben aprenden a manejar los niños, para comprender que primero van las necesidades y luego los deseos, con frecuencia, Mafer  vuelve a dejar algo en el anaquel de las compras, cuando comprende que es un deseo del momento al verlo en exhibición.

Aunque comencé hablando de mi hija Mafer, en nuestros cursos de “Money Kids – Niños que Emprenden” tenemos grandes futuros emprendedores, Rodrigo antes de llegar con nosotros, obtuvo el primer lugar en la zona vendiendo TupperWare, podría vender arena en el desierto, es un hábil vendedor.  Emiliano, un día llegó de la mano de su mamá con traje y corbata, gafas obscuras y audífono de celular en la oreja, como todo un agente se seguridad, “soy guardaespaldas de mi mamá decía”, su sueño es ser policía, ahora luego de aprender muchas cosas en Money Kids, su meta es estudiar en Israel para especializarse en alta seguridad de personas e instalaciones de alto riesgo. Aprendió que haciendo lo mismo puede ganar más.  

Florencia de 8 años, llegó de la mano de su hermana Isabela de 15, Isabela se quedó a la primera clase por curiosidad, aunque estaba más interesada para inscribirse en el curso de jóvenes, Isabela se sintió muy a gusto y se quedó en el grupo de los pequeños, “estoy ansiosa por aprender más” nos dijo terminando la primera sesión.

En otra ocasión llegó un niño de seis años, lo acompañaba su hermana de 18, ambos se sintieron cómodos también y se quedaron, muchos nos preguntan si es posible poder reunir en una experiencia de aprendizaje a niños de varias edades, en la vida real, nos toca trabajar con gente mental y emocionalmente con edades diferentes a su edad real y experiencia profesional.

Hace un año, en una de mis clases del  Máster en Desarrollo Emprendedor e Innovación, un maestro decía, hay emprendedores que no saben nada, pero tienen una gran actitud, y eso va supliendo las carencias, hay otros que tienen todo para ser exitosos, pero no tienen la motivación, y están a los que simplemente tienen la ocurrencia de emprender, tienen una idea, pero no los conocimientos ni las “agallas” para hacer realidad su proyecto.

Eso nos motiva a Yurima y a mí, colaborar para que muchos niños y jóvenes puedan construir sus sueños, la mejor forma de inventar el futuro, es creándolo uno mismo. Money Kids, Niños que Emprenden, es el Primer Sistema educativo para el Desarrollo de la inteligencia Financiera y de Negocios en los Niños, en nuestras aulas, tenemos a muchos niños con sueños y deseos de aprender, sus rostros llenos de inocencia, su mirada llena de esperanza, sus almas transparentes y sus mentes abiertas, son el semillero de mejores mujeres y hombres, emprendedores que hoy empiezan a construir su futuro, el de ellos y el de un país y un mundo mejor, esta os seguros de que así será.

Humberto Vergara, es co-creador del Sistema de “MoneyKids Niños que Emprenden”.
En Twitter pueden contactar a Humberto: @CondedeVergara
Yurima Cruz: @yurimacruz
@Money_Kids

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